—Concéntrate, Amaris. No sabrás lo que puedes hacer a menos que te concentres. —me regañó Alex como si fuera una cachorrita.
Rodé los ojos y le hice una señal para que continuara.
—Correré hacia ti, intenta bloquearme. Concéntrate en la energía que se expande a tu alrededor, será fácil si hay una amenaza. —explicó. Sus labios se curvaron en una sonrisa traviesa y sonrió—. Si no logras crear el escudo a tu alrededor, va a doler. —agregó.
—¿Pero qué pasa si no tengo ese poder? —grité.
Corrió hacia mí y enfoqué todo lo que tenía en protegerme. Cerré los ojos e imaginé la luz roja que Alex había proyectado alrededor...