Punto de vista de Alarico.
—Rix, ¿dónde demonios estás? —siseó Celeste.
Alejé el teléfono de mi oído mientras ella seguía despotricando al otro lado. Estaba caminando sin rumbo hacia casa; llevaba como dos horas caminando… No puedo sacar a Lila de mi cabeza, pero quiero mantenerla ahí. Grabada en mi mente, como un tatuaje.
Me reí de lo que decía Celeste antes de volver a colocar el teléfono sobre mi oído.
—¿Ya terminaste? —me reí.
—Por el amor de Dios… ¿Hablaste con ella, verdad? —se quejó.
—Intenté no hacerlo, pero ella habló primero. Me atrajo sin ni siquiera darse cuenta —suspiré—. Cel, es increíble. Los lobos no son como mi...