Punto de vista de Lila
—¿Lo siento... ¿Quién? —exclamé.
Él levantó una ceja y me miró fijamente. ¿Se suponía que debía conocerlo? No recuerdo haber conocido a nadie llamado Alarico, y con un nombre como ese, no lo olvidaría.
—Protegerlo no ayudará a nadie, niña —gruñó.
Un bajo y amenazante gruñido resonó desde mi padre.
—Dije que podías hablar con mi hija... No acosarla —masculló.
—¿Perdón? No puedo proteger a alguien que no conozco. No me trates como a una puta niña —gruñí.
No me importa que sea el rey de los vampiros. No merezco que me hablen de esa manera. No tengo ni idea de quién es, ¿por qué...