—Solo toma un respiro —susurró Kiran contra mi cuello, provocando que se me erizara la piel en los brazos. Inhalé profundamente y me hundí más en él.
—Solo duele hablar de él —susurré, aunque salió un poco ahogado. Sentí que asentía.
—Lo hará, amor —dijo, empujándome un poco hacia atrás y sosteniéndome a distancia, a la altura de los brazos—. Pero hablar de ello también puede ayudar. —Dijo, buscando cautelosamente mis ojos.
Tomé una profunda bocanada de aire y asentí.
—Así me lo han dicho —solté una leve risa. Sus labios se curvaron en una pequeña sonrisa; en sus ojos no había ni rastro de compasión.
—¿Quieres caminar un poco...