Gerald limpió mis heridas lo mejor que pudo, pero no pudo hacer mucho ya que necesitaban puntos de sutura y un buen vendaje porque seguían sangrando.
—Muchas gracias a los dos por lo que han hecho por mí —sonreí.
—No es un problema, Caleb —respondió María—. No olvides que Luna Amaris me avise cuando llegues allí sano y salvo.
Asentí y les sonreí a ambos.
—¿Así que tengo que ir al sur para llegar a La Manada Luna? —pregunté, mirando el mapa que tenía en mis manos.
Ambos se miraron antes de volver a mirarme.
—No vayas a La Manada Luna; el Alfa es, eh, ¿cómo decirlo? —Gerald miró a...