—Solo venía a desearle feliz noche a Dulce María —respondió él.
—Ella ya duerme, así que come y largo —dijo ella y agarró su plato, pasó por el lado de Maskyn y se fue a sentar en el comedor del jardín. Quería a Maskyn a metros de distancia, pero entre más lo quería, más el imbécil aparecía.
Él se sentó algo más lejos de ella.
—Por Dios, con ti no se puede —dijo ella enojada, pero se calmó para poder comer.
—Johana, ya que no puedo tener sexo con ninguna por tu estúpida propuesta o regla, quiero coger como hago —dijo él.
—Pues te aguantas —dijo ella sonrojada.
—Imposible, vengo...