— De hecho, dormí delicioso, porque no cometí un error tan estúpido de acostarme contigo.
— Jajaja, más bien por eso dormiste bien, porque te hice sentir tu orgasmo. No creas que no sentí cómo mis dedos estaban humanos —dice él, y Johana pasa saliva—. Y no tanto eso, sino rico, que sabe tus líquidos —dijo él, malicioso, y ella guarda su teléfono.
— Usted no se rinde, ¿cierto? —pregunta ella, mirándolo a los ojos.
— Simplemente me gusta salir victorioso.
— Entonces, si ese es el caso, ¿tengo que aceptar tu propuesta? —habla ella con una sonrisa perversa.
Maskyn sonríe, esa sonrisa que deja a Johana sin aliento, sin...