Nos miramos el uno al otro durante casi un minuto, hasta que el calor entre nosotros se irradiaba por todo nuestro cuerpo.
—Catalina —dijo, casi en un susurro.
Me llevó a su lado, me besó calurosamente y me tragué la saliva. Puedo sentir sus deseos, necesidades, hambre, deseos, deseos y amor.
Gimí, me mordió el labio inferior e intentó meter la lengua. No dudé en abrir la boca para que explorara su corazón mientras tocaba cada curva mía.
—Te quiero ahora.
—Él rugió y yo profundizé el beso.
—Yo también te quiero—, dije.
Me ayudó a levantarme y me llevó detrás de él hasta que llegamos al dormitorio. Escuché el...