Despierto con una nueva calidez en mi cuerpo. Miro hacia mi izquierda y lo veo dormir tranquilamente a mi lado.
Nunca imaginé que, después de tantos problemas en la vida, aquí estamos, aquí estoy, en el lugar donde estaba destinada a estar.
Me acurruco más en su pecho, lo que lo hace despertar y soltar una pequeña risa.
—Dulce, duerme un poco más —dice, pasando su mano por mi cabeza para arreglar unos mechones de cabello que cubren mi rostro.
—Ya es tarde, Zeus, y tengo hambre —le digo. Aunque realmente quiero quedarme aquí, mi estómago está rugiendo.
Él se ríe de nuevo.
—Yo también tengo hambre. Pero quiero comer...