Ni bien abrió la puerta de su casa, no se detuvo a ver a su hija quien la esperaba en la entrada del comedor con una sonrisa en el rostro y una vela de cumpleaños en su mano. Ella pasó de lado e ignoró el esfuerzo que había hecho la niña para preparar el pastel de su cumpleaños número doce porque anticipaba que, por el trabajo, nuevamente se le olvidaría. Y así sucedió.
Cuando Alina ingresó a su habitación y luego de cerrar con llave la puerta, se apresuró en llegar al baño, necesitaba sacar el dolor para afuera, materializarlo solo así había logrado mantenerse en pie todos estos años....