Alina estaba confundida ¿por qué si siempre que realizaba pedidos pedía que suba a su oficina? ¿por qué ahora no? No intentó buscar respuesta, más bien se giró sobre su eje y se encaminó hacía la salida mientras se propiciaba cachetazos mentales por haber sido tan estúpida de creer que quizás podría verla de otra manera.
- ¡espera! – escucha una voz femenina que la llamaba incesantemente, para voltearse y encontrar una mujer, elegante, majestuosa, hermosa por el costado que la vieras.
- ¿Quién es usted? – pese a que su rostro le parecía familiar, le intrigaba saber el por qué la había llamado.
- Si, mi nombre es Jessica...