Al fin había llegado el día tan esperado para Marco, por fin tendría a Alina trabajando en su agencia y eso significaba poder verla a diario. De todas maneras, él sabía por demás que el contrato caducaría en el momento en el que ella salde la deuda por $100.000 que presentaba con él, con lo cual era probable que en uno o dos desfiles ya no la tendría trabajando para sí.
Como todos los días había asistido a su trabajo una hora antes, se preparó su café y se sentó en uno de los sillones que decoraban su gran despacho, el mismo que daba hacía el ventanal que dejaba apreciar...