Chapter 6 Un encuentro deseado.

Chapter 6 Un encuentro deseado.

Alina no entendía por qué eso que había visto en las noticias le hizo sentir un malestar en el estómago, le provocó una sensación que en la vida había sentido antes. El ver a ese hombre con otra mujer le había despertado celos y como no sentirlo si esa mujer que lo acompañaba era hermosa, se vestía muy bien. Se notaba que era una mujer culta y con clase, algo que ella no tenía y la hacia sentirse ridícula.

A todo esto, Marco estaba tan entusiasmado con el pedido de André, que si quiera se había puesto a ver que su móvil tenía infinidad de mensajes y llamadas perdidas que exigían tener la primicia. Él es un hombre tan hermético en su vida privada que tener esas fotos en poder de los medios de comunicación era oro sólido y si conseguían la primicia les era aún mejor. Así mismo, tampoco se había dado cuenta que su jefe de prensa lo había llamado unas 37 veces y que su madre también lo había hecho unas 17. Hasta para la Sra. De Whitsen era raro ver en las noticias algo referido a su hijos y más si se trataba de algún romance porque después de todo, ella era su madre y enterarse así, no le agradaba para nada.

- Sr Whitsen, ¿No cree que deberíamos festejar el que el distinguido André Lettieri haya puesto en nuestras manos la representación de su nueva campaña de ropa? –

La morena estaba desesperada por estar a solas con él, por sentir su cuerpo moverse sobre el de ella. Estaba ansiosa por sentir como su duro pene se entierra en ella y como sus labios recorren y mojan cada centímetro de su cuerpo. Ella anhelaba poder tenerlo en el mismo momento en el que se enteraba de lo sucedido en Buenos Aires. Quería ver su expresión, quería saber cómo iría a tomarlo.

Jessica siempre fue una mujer que lo que quiso lo tuvo y pese a que se había llevado a Marco a la cama ella quería de él lo que éste jamás iba a darle, sus acciones de Luna Modells. Ella no quería a nadie, lo único que le motivaba día a día era su meta, su venganza.

- Siempre es un placer festejar con uds. –

Marco estaba demasiado mareado, aunque no se le notaba, como para no sucumbir a los placeres de la carne y más cuando se le sirve en bandeja.

Ni bien acabó el desfile y volvieron al hotel, Jessica le dijo que lo esperase que tenía una sorpresa que darle y lo único que le pedía era que la luz estuviera apagada.

Cuando ella se fue a su habitación, saco de su valija un conjunto de cuero de color negro que integraba un corcet con detalles en rojo, un culote del mismo material y color, unas medias negras de red y unas botas negras bien pegadas al cuerpo que terminaban en sus rodillas. Retoco su makeup, agarró la fusta que traía, unas sogas y luego de ponerse su tapado de piel salió de su habitación para ir a la de junto, dónde lo esperaba Marco.

En el momento que el Sr. Whitsen sintió la puerta abrirse, un aroma a rosas invadió por completo el espacio y cuando la imagen se iluminó lo que diviso frente a sus ojos lo puso duro automáticamente.

Sintiéndose una diosa, ella fue acercándose a él, no sin antes dejar caer su tapado y mostrarse con el atuendo de cuero. Cuando la vio acercarse no pudo contener el impulso de ir tras ella, pero antes de que pueda acercarse levanto la fusta y con voz sensual le ordenó mantenerse en su lugar.

Marco se encontraba a centímetros de la cama, pero ella todavía no lo quería allí. Le ordenó que se sentará en el sillón para luego comenzar a mover sus caderas de lado a lado. Él solo se acomodo mientras una de sus manos acariciaba su miembro en tanto se deleitaba con los movimientos sensuales de aquella mujer.

Con soltura, comenzó a desanudar los cordones del corcet, para dejarlo deslizar sobre su cuerpo hasta el piso, quedando solamente con la parte baja aún con las prendas. Ver sus pechos que brillaban por el body sprash le hacían desearla más y más. Si había algo que lo provocase más al Sr. Whitsen era el jugar a dejarla tener el control de la situación.

Era la primera vez que la veía en esa faceta, generalmente no eran de innovar mucho en la relación sexual y esta vez debía admitir que lo había sorprendido. Ella sabía cómo hacerlo volar con los pies en la tierra e iba a usar todo su poder de seducción.

Le ordenó sacarse toda la ropa a excepción del bóxer. Quería que le suplicara por liberar su miembro de la tela que lo tiene prisionero, deseaba tanto que se humille por que lo deje penetrarla. Con su fusta en la mano comenzó a recorrer lentamente su cuerpo y ese delicado tacto del cuero en su piel lo llevaban a cerrar los ojos y disfrutarlo.

- ¡ay! – exclamó casi en un desgarrador grito dejando escapar un gemido que provocó que su glande comience a humedecerse.

- Sh, no le permití quejarse. – responde de manera sensual lo que hace acelerar el pulso de él.

Él solo la miró y sonrió de lado. Nuca imaginó que ese papel en ella, dominante, controladora le gustaría tanto, pero ya no quería esperar más, deseaba besarla ¿Cuánto más iría a torturarlo? Pero ella no iba a permitir que controlara sus acciones porque esta vez, la que ponía las reglas era ella.

Le ordenó que se sentara al final de la cama para poder subirse sobre él y comenzar a besarlo desaforadamente. Él aprovechó el contacto caliente para poner sus manos en sus glúteos y apretarlos con fuerza lo que hizo que ella soltara un gemido dentro de la boca de él. Pero esto no iría a permitírselo.

Con fuerza lo empujó haciéndolo caer de espaldas en el colchón y para torturarlo aún más, se acomodó sobre su miembro, dolorosamente cubierto por la fina tela y comenzó a menear sus caderas sobre el. Marco no podía evitar sentir como un fuego comenzaba a quemar cada milímetro de su cuerpo y cómo su respiración se aceleraba al igual que sus latidos. No soportaba el dolor que sus movimientos le provocaban y solo quería liberar su gran y duro miembro.

De un momento a otro detiene su balanceo y le da un golpe en el pecho con la fusta. Los ojos de él, dilatados por la excitación, se cierran automáticamente al recibir el tacto del cuero en su cuerpo y la risa seductora de ella.

La parte baja de la prenda que Jessica llevaba puesta, tenía un fino cierre con lo cual, para permitirle a su compañero el poder sentir su húmedo sexo, decide abrirlo y volver a moverse encima de él.

- Estas volviéndome loco. – es lo que escuchó decir mientras su cabeza se deslizaba hacía atrás y sus manos apretaban con fuerza la sabana.

- ¿sí? – contesta juguetona mientras hace presión con su pelvis introduciendo parte de su glande, aun dentro del bóxer, dentro suyo.

- Quiero follarte duro. – escucharle hablarle de esa manera provocaba en ella que todo su cuerpo se erice, sus pechos se endurezcan al igual que sus pezones y una puntada aguda se sitúe entre sus piernas.

Dejó de moverse por unos segundos y permitió que sus manos toquen y aprieten sus pechos. Quería apretujarlos tan fuerte y escuchar sus gemidos de dolor que se habían vuelto una necesidad indispensable para su vida sexual.

Permitió que elevara su cuerpo y llevara su cabeza a sus pechos. Él quería morder sus pezones, lamerlos y succionarlos. Ese pedacito de carne en su boca era el paraíso en sus manos.

De momento a otro, volvió a empujarlo y poniendo sus pies a cada lado de su cabeza, decide sentarse sobre su rostro y no necesitaba decirle que quería, porque la humedad de su vagina ya había hecho contacto con su lengua la cual segundos más tarde se encontraba entrando y saliendo por la hendidura y danzando en el punto más sensible. Mientras sus manos sujetan con fuerza las nalgas de ella acercándola mas a su rostro, ella toma con fuerza sus cabellos y hunde su sexo más en su rostro. La danza de su lengua sobre cada milímetro de su sexo la tenían en la luna.

Con una mano se sostiene del caño de la cama y comienza a mover su pelvis de arriba hacia abajo seguidamente en tanto él se permitió liberar su miembro para poder acariciarlo mientras disfrutaba de sus fluidos vaginales. Entonces, fue en ese momento en el que le permitió no solo de disfrutar de su cuerpo sino de sentir cómo ella disfruta del suyo. Se levanto de su rostro para volver a sentarse, pero esta vez dándole la espalda, para poder realizar aquella posición que tanto a él le gustaba, el 69.

Mientras Marco abría sus glúteos y usaba su lengua para mojar sus partes prohibidas, ella hacía lo mismo con su miembro en su boca. Sus labios envolvían su glande en tanto la punta de su lengua jugueteaba con el pequeño orificio en el, en tanto podía sentir cómo se abría paso sobre su pequeño y estrecho orificio anal un dedo de él.

Con las manos de ella, se acompaña los movimientos de su boca mientras sube y baja sobre el tronco de su erecto pene, luego de lamerlo como si se tratase de un helado de vainilla que se derrite en la lengua.

Ninguno de los dos podía dejar de gemir ante el tortuoso tacto de la lengua y las manos del otro sobre su sexo, el practicarse sexo oral mutuamente al mismo tiempo se sentía realmente maravilloso. Segundos más tarde y sin previo aviso, deja de lamer su miembro para volver a jugar con su fusta. Se para de su rostro y se retira de la cama.

- Esto fue muy excitante, pero todavía no quiero acabar. –

Tomó del bolsillo de la bata que había traído que yacía en el suelo y volviéndose a subir sobre él, amarra cada una de sus muñecas a cada extremo de la cama ante los ojos negros de la calentura que la imagen de sí mismo atado y ella fallándolo le provocaba.

Luego de amarrarlo y previamente despojándolo de su bóxer se detiene unos momentos para admirar al hombre, sometido, que tenía en frente de ella. Con su fusta preparada recorre suavemente el torso desnudo de él y cada poco milímetro ¡zas! Un golpe que recibe con un gemido, cerca de su ombligo ¡zas! Y todo su cuerpo se encorva hacia atrás, con sus ojos cerrados para profundizar aún más esa caliente y excitante momento.

En el momento que la fusta tocó la punta mojada de su pene él sintió que iba a perder la cabeza, y antes que ella golpee allí un gemido desgarrador se escapó de su boca y ella lo recibió con una enorme y triunfante sonrisa.

Él podía sentir el calor del cuero en su cuerpo, en sus piernas, su torso, su rostro, sus brazos, pero el tacto que más le excitaba era en sus partes prohibidas. El dolor que le provocaba el sentir el cuero golpear sus testículos era tan excitante que no podía dejar de pedirle que volviera hacerlo de nuevo.

Para profundizar aún más sus sentidos, cubrió sus ojos con la corbata negra que él llevaba en el desfile y volvió a sentarse sobre sí, pero esta vez, sobre sus pechos. Bajó su rostro para besar sus labios, darle un tierno y cálido beso para que, segundos más tarde, profundizara el mismo agregando pequeños mordiscos, provocándole pequeñas heridas, saboreando su sangre, excitándolo más de lo que ya estaba.

Dejó sus labios para llevar uno de sus pechos a su boca - quiero que lo chupe, quiero sentir sus dientes sobre mi carne. – obedeció. No había nada más dulce y exquisito que el sabor de su cuerpo en su lengua. Primero una, después la otra. Con su boca, besaba, lamia y mordía cada trozo de carne de su cuerpo, hasta que por fin llegó a su miembro y él, esperando volver a sentirlo dentro de su boca, ella no solo no lo hizo si no que comenzó a masturbarlo.

Su mano se movía rápidamente en dirección vertical y el ya no podía contener la excitación que eso le provocaba. Gemía alto y fuerte al mismo tiempo que podía sentir cómo su cuerpo se preparaba para el éxtasis y cuando estaba al borde de explotar ella se detiene.

- Por favor, no me hagas esto. – le suplico frustrado al borde del colapso.

- ¿Hacer qué? – ella sabía cuan loco lo ponía el tener el control sobre su cuerpo y sus orgasmos.

- Necesito follarte. – explico cómo pudo.

- Entonces, hágalo. –

Se acomodó sobre su cuerpo, ubico sus piernas a cada lado de sus caderas y previo haberle puesto el condón, ubica la entrada de su sexo sobre el glande mojado de él, entonces le ordenó.

- Folleme. – entonces él le obedeció.

Con un solo movimiento se enterró en ella y ésta lo recibió con un gemido que casi parte en dos su cuerpo. Sus movimientos eran tan rápidos e intensos que no podía dejar de sentir como su cuerpo se mojaba del placer que le estaba regalando.

Los gemidos de ambos había copado cada espacio de la lujosa habitación, entonces ella, astuta, le quitó la venda de los ojos.

- Quiero que me mire y desee tocarme. Porque no lo va hacer. – le dijo cómo podía, entrecortado las palabras, con apenas un poco de aire en sus pulmones.

Él no podía hablar, estaba tan caliente y tan concentrado en sus movimientos que solo se limitaba a sentir como las paredes vaginales de ella se contraían y aprisionaba más su miembro. Segundos más tardes ambos se liberaban ente gritos y los fluidos íntimos que hervían y quemaban sus partes prohibidas.

Esa noche follaron como nunca sin pensar que en Buenos Aires la imagen de ambos empapelaban todos los barrios y “vida amorosa del presidente de Luna Modells” se hacía eco en todos los medios de comunicación u redes sociales.

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