Matteo se sentía frustrado. Él siempre había sido un hombre que tenía el control de todo y de repente su vida se estaba yendo por una pendiente y la única culpable, pensaba, era Lara y su supuesto primo. Parentesco que por supuesto no creía en lo absoluto.
Cuando su esposa le gritó cobarde, quiso agarrarla del cuello y estrangularla hasta que su miserable vida se extinguiera, pero se controló. No iría a darle el gusto de equivocarse y que terminara en la cárcel por culpa suya. Sin embargo, debía enseñarle a que, dentro de esas cuatro paredes, quién manda es él.
- ¡¿y bien?! ¡¿me vas a pegar?! – él...