La felicidad que Lara sentía en el cuerpo de repente, era imposible de expresar en palabras. Estaba entusiasmada por ocuparse de los preparativos de su boda, que no tenía tiempo de se tirar mal, de estar triste, aunque lo que ha vivido la acompañará por el resto de sus días.
Le había pedido ayuda a Michelle para elegir todo lo respecto al salón y la fiesta y habían pasado toda la mañana recorriendo salones, buscando algo que se ajustará a lo que deseaba.
Lara no quería algo muy ostentoso, en cambio Michelle deseaba un lugar digno de cuentos de hadas. Ella trataba de hacerle entender a su tía que merecía...