Alma Nathalia notó mi temblor y tomó mi cara entre sus pequeñas manos.
—¿Tienes frío papito mío? – preguntó inocente.
—¡No mi amor! Fue un reflejo – me observo detenidamente.
—¿Estás seguro? Te ves muy pálido papito mío – me mira con los ojos achinados tal y como lo haría yo.
Olvidé decirles que esta preciosa chiquilla posee un coeficiente intelectual un poco más elevado que el normal y es muy perceptiva además de todo, no puedo ocultar nada porque es excelente atando cabos y deduciendo cosas como si fuera un detective en miniatura, sus preciosos ojos color café me escudriñan hasta el alma y ruedo los míos.
— ¡Amor...