Héctor
—¿Entonces, cómo van las cosas con Eva?—Conrado come el croissant mientras me observa con atención.
—Perfectas.
—Bien. Te lo mereces.
Un calor se apodera de mi pecho por su comentario.
—Tú también te lo mereces. ¿Cómo van las cosas con Yasmine?
Un suspiro pesado escapa de él y sé que tendrá una respuesta cargada.
—Nos estamos divirtiendo. La clase de diversión que nunca he tenido con ninguna otra mujer antes. Ella es jodidamente perfecta. Pero no es ella. Soy yo. Soy el problema que nos llevará cuesta abajo.
Tomando un sorbo de mi café, le lanzo una mirada desafiante.
—Mientras sigas creyendo eso, lo serás.
Se congela, y su...