Héctor
Alguien empuja mi pie y el sueño desaparece de mis sentidos.
—Despierta, Arciero. —La voz irritante de Miguel me hace parpadear.
—¿Ya es de mañana? —Me froto los ojos y luego miro a mi alrededor en el pasillo. No hay ventana por la cual asomarme y ver el mundo exterior.
—Ya pasó de las cinco de la mañana. —Miguel entra en su habitación, pero esta vez deja la puerta abierta.
Me levanto, me quito la corbata y le doy algo de espacio a mi cuello al desabrocharme los tres primeros botones.
La habitación está relativamente limpia y ordenada, a diferencia de las telarañas y el olor pútrido que acechan...