Eva
Mi rostro está hacia la pared, así que no puedo mirar al hombre.
Pero lo siento. Y maldita sea, es una sensación aterradora y petrificante.
Con sus dedos, aparta mi cabello hacia un lado de mi hombro y desengancha mi collar de un solo movimiento.
Miro cómo el collar se desliza de mi cuello y siento el vacío hundiéndose más profundo que una montaña ahogándose en el mar.
En mi estúpida mente, asumo que ha terminado, pero sus dedos acarician mi cuello y mi pecho se vacía de cada molécula de aire dentro de mí.
—Debo decir que entiendo el atractivo —susurra el hombre contra mi oído, una voz...