Héctor
—Eva... —Empiezo, pero ella me interrumpe como lo hace cada vez que intento comenzar esta conversación en particular. Es como si supiera lo que voy a decir y luchara con todo lo que tiene dentro para no escucharme.
No la culpo por protegerse. La última vez las cosas se salieron de control. Llegaron al punto de rompernos los corazones y manchar nuestras almas de una manera que quedaría marcada para siempre con el daño.
Y todo fue culpa mía; todo fue mi responsabilidad. Una carga de mil libras que llevo conmigo todos los días.
—Héctor, no voy contigo. —Sus expresiones faciales se deforman en una leve ferocidad.
—Pensé que...