"¿Alfa Edward?", llamé en voz baja, pero él no respondió, y tampoco podía escuchar los latidos de su corazón. Frustrada, lancé improperios y traté de seguirlo, pero de pronto escuché algo moverse a mis espaldas.
"Bu", exclamó el Alfa detrás de mí, y yo salté en el aire y lancé un grito al tiempo que mi pulso se aceleraba erráticamente.
"Casi me das un ataque al corazón", jadeé, golpeando su pecho juguetonamente.
"¿Qué tal si me transformo y tú montas en mi espalda?", me sugirió.
"¿Te refieres a sacar a tu lobo interior?", pregunté un poco preocupada, pues tenía entendido que los lobos eran difíciles de controlar en su forma...