Chapter 5

Chapter 5

A la mañana siguiente, me desperté con los ojos hinchados por lo mucho que había llorado. De repente, la puerta de mi recámara se abrió y, sin tener que salir de las cobijas, al escuchar la alegre voz que me anunciaba que el desayuno estaría listo en veinte minutos, supe que se trataba de Juanita.

Me levanté en cuanto ella se retiró y fui a bañarme. Acto seguido me puse un vestido escotado y me peiné y maquillé bien antes de bajar. De verdad esperaba que hoy no tuviera que desayunar con los hermanos, ya la cena había sido suficiente. Rogué en silencio a la diosa que me hiciera ese favor y que, a cambio, la perdonaría por la situación que me había hecho pasar.

Mientras bajaba las escaleras, me acomodé nerviosamente el vestido. Tenía mucho miedo de ver de nuevo a mi compañero o a sus hermanos, aunque debía admitir que el beta era bastante educado. Para mi desgracia, cuando por fin llegué al comedor, vi de nuevo a tres de ellos en su lugar, y desafortunadamente, Jamal no se veía por ningún lado.

“Buenos días”. Intenté sonar lo más natural posible, y ellos asintieron en respuesta; Marcos incluso me dirigió una pequeña sonrisa. Luego, mientras me sentaba, volteé a ver a mi compañero, pero él no me miró. Aunque Edward no había afirmado nada con palabras, sentía que con su actitud me rechazaba como su compañera, y eso me dolía más de lo que creía. Yo bien sabía que él no era un buen hombre, pero esperaba que, ya que somos compañeros, al menos fuera un poco amable. Al tiempo que comencé lentamente a comer, Marcus bromeó con su hermano: “Todos están bastante emocionados de tener una nueva luna en la manada”. Logró molestar a Edward, por la forma en que este reaccionaba, y por cómo me miraba irritado, mientras continuó comiendo su salchicha.

Marcos agrega: “¿Verdad que ella es tu luna, Edward?”. ¡Es irritante que hablen de mí, como si no estuviera presente!

“Sí”, responde cortante el alfa Edward.

“Candace creía que la convertirías en luna, se volverá loca con la noticia”. Cuando escucho esto, mi mirada enfadada se clava en el alfa y trato de controlar los celos que se apoderan de mí, apretando con fuerza el cuchillo que tengo en la mano, hasta que mis nudillos se ponen blancos.

“Tranquila, Luna, ella solo es su p*ta de cabecera, no hay necesidad de que te cortes la mano por eso”, comenta Marcus y me guiña un ojo, pero me enfurece aún más la forma tan indiferente en que lo dice, como si no tuviera ninguna importancia.

“A Edward le gustan las rubias con t*tas grandes”, añade, recalcando que yo… soy todo lo contrario, pues mis p*chos no son muy grandes y además, soy morena.

“Pero no importa, eres mucho más guapa que ella”, agrega Marcos y su mirada se clava en el alfa, que parece haberse cansado de sus bromas.

“¿No lo crees, hermano?”.

“Ya me voy”, anuncia Edward, y se da la vuelta y se retira, alejándose de nosotros. Yo también argumento que ya terminé de comer, y regreso a mi habitación a sentarme en el sillón. Es bastante aburrido estar aquí.

Unos minutos después, la puerta de mi cuarto se abre y entra Lena, acompañada de varios sirvientes que la siguen. Todos me dedican una reverencia al mismo tiempo, y un hombre bastante grande, me trae un montón de ropa.

“¿Qué sucede?”, pregunto suavemente.

“Hoy será la fiesta de presentación de la luna y todos harán acto de presencia”, me informa, y ante la noticia, comienzo, nerviosa, a juguetear con mis dedos, golpeándolos contra mi vestido.

“No se preocupe, señora, todos nosotros vinimos para ayudarla a prepararse”.

“Sí, será la mujer más hermosa de la fiesta, de eso me encargo; soy una verdadera experta”, afirma sonriente, una chica pelirroja, y yo le devuelvo la sonrisa.

Primero elegimos un vestido, Lena sugirió que fuera distinguido y nada sugerente, pero Catia, la estilista, argumentó diciendo que podríamos elegir uno que fuese sensual y al mismo tiempo elegante. Ella seleccionó un hermoso vestido sin tirantes de color beige, con un escote ligero, solo para provocar, y con una larga abertura a la altura de mi muslo. También peinaron mi cabello en un moño, dejando algunos mechones sueltos y me puse unos lindos zapatos de tacón que combinaban muy bien con mi atuendo. 

“¡Luces perfecta!”.

“¡Falta el labial rojo!, ¡ya empezaron a llegar los invitados!”. El tiempo pasó tan rápido, que no me di cuenta de que ya pasaban de las seis, ¡solo para arreglarme requerimos seis horas!

Al verme al espejo, me sentí bastante complacida con mi aspecto y asentí confirmando que estaba lista. Cuando hice mi aparición en el salón de baile, miré a toda la gente que me observaba mientras bajaba poco a poco las escaleras, y me aseguré de mantener la cabeza en alto a pesar de que estaba muy nerviosa. Entonces, mis ojos encontraron a alguien entre la multitud, el alfa Edward, que parecía asombrado y me miraba fijamente, haciendo que me sintiera bastante complacida. Decidí contemplarlo solo a él y, extrañamente, eso calmó mis nervios y me hizo sentir… segura.

“¡Qué hermosa!”, comentó sonriendo Jamal mientras me daba la mano, y cuando la tomé, me ayudó a bajar los dos escalones restantes.

“Damas y caballeros, les presento a su nueva Luna, Caliana Meyers de la manada Dandelion Stone”. Cuando él dijo esto, la multitud se quedó en silencio durante unos segundos, pero, para mi sorpresa, luego estallaron en aplausos, haciendo que sintiera un gran alivio.

Uno por uno, acudieron a saludarme con gran respeto, felicitándome por mi excelente atuendo o por lo hermosa que me veía. Algunas mujeres de mi edad incluso me invitaron a salir de compras con ellas, a tomar el té o a comer. Era increíble, de verdad no podía creer que esta fuera la despiadada manada Golden Stone de los temibles licántropos. Un grupo de jóvenes me miró, y al observar su cabello y vestimenta, supe que eran las chicas malas de la manada; las que se consideraban superiores a las demás. Decidí sonreírles e incluso me acerqué a saludarlas, pero ellas fueron muy groseras conmigo.

“No te pongas tan cómoda, eres una simple loba y nosotros somos licántropos, eres muy inferior a nosotros”, dijo la chica de perfecto cabello rubio que usaba un vestido corto de lentejuelas. Sin embargo, no pude responder a la joven, pues de pronto escuché su voz, la voz que me hacía temblar de placer y miedo diciendo:

“Candace, ¿cómo te atreves a hablarle así a tu luna?”.

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