"He dicho que nada de lobos.", gruñó, con los ojos clavados en Garret. Lo que sea que le dijese hizo que me mirara y ordenara en voz alta: "A mi despacho, ya."
Seguí al alfa a una habitación enorme que olía igual que él y estaba llena de pertenencias suyas. Mientras examinaba los alrededores de su oficina, no me di cuenta de que estaba parado frente a mí, sin camisa; estaba bien sexy, todo hay que decirlo. Mi ritmo cardíaco se aceleró al tiempo que mis ojos se regodeaban con admiración a lo largo de su torso y mi loba ronroneaba mentalmente, como si fuese la primera vez que le...