Los días pasaron sin novedad y la boda se acercaba rápido, y todos estaban felices menos yo. Ni siquiera había visto al novio en más de seis días desde nuestra interacción en el campo de entrenamiento, pues llegaba a la casa muy tarde y salía muy temprano por la mañana.
Mis tardes se estaban volviendo sombrías y lloraba hasta quedarme dormida. Oh, querida luna, cómo me dolía el corazón.
"¡Es el día de tu boda!", exclamó Juanita mientras entraba a la habitación con otras dos damas. Entonces, me pasó un café para desayunar y lo bebí todo antes de contestar a su saludo. Luego, miré el hermoso vestido que traían...