La mirada de malicia que me dedicaron las chicas me hizo saber que se traían algo feo entre manos. Miré a mi alrededor para no distinguir a ningún guardia en las inmediaciones, así que retrocedí unos pasos, analizando la situación a toda máquina en mi mente. Lo más probable era que no pudiese con todas a la vez, al menos no en esas condiciones.
"Hola, luna.", saludó Candace con frialdad.
"¿Quieres para un buen rato otra vez? Qué gracioso lo de la habitación, ¿eh? Como cuando viniste a verme no me encontraste allí, vas y me pintarrajeas todas las paredes como una niñata.", le apunté con sorna.
"La cosa es...