"¿Por qué se piensa eso?", pregunté yo, preocupada.
"A saber qué ronda por la mente de un niño.", dijo él, y suspiré ante la dureza de su tono.
"Hablaré con ella mañana.", concluí a modo de despedida, pero él me agarró de la mano y un hormigueo me atravesó
"Sígueme." Necesitaba dormir como agua de mayo, pero aun así lo seguí en silencio a la oficina. Una vez allí dentro, se sentó detrás de su escritorio y me hizo un gesto para que me acomodase en una de las sillas de invitados.
"Como luna del clan, tienes derecho a ciertos beneficios." Levanté las cejas.
“Un sueldo mensual, vehículo personal y...