Una semana. Una maldita semana de puras correcciones "INNECESARIAS" diría yo, sobre mi texto poético.
Siete días aguantando la manera despectiva en la que Gonzalez se dirigía a mí, solo por el hecho de no "conmoverlo" con el poema.
IMBÉCIL.
Al fin había llegado el día tan esperado. El mismo en el que me cobraría todas y cada una de las veces que me humilló frente a toda la clase, que me maltrató y burló de mi persona. Hoy me las pagaría y con creces.
Me había costado un montón el poder escribir aquel poema que en verdad iría a leer en la exposición, ya que era mi primera vez...