Se sentía aterrada.
Se había puesto lo que él le ordenó, incluso le había arrojado al suelo una bolsa con algunos maquillajes y la obligó a “sacarse esa cara de espanto”
Cuando al fin estuvo lista, él la miró y enmarcó una gran sonrisa, luego se acercó a ella y le extendió la mano.
—Vamos, amor, confía en mí —le dice esperando a que Aby se la tome.
¿Cómo podía confiar en él si la había sacado a la fuerza, si amenazaba con no dejarle ver más a su hija? No confiaba, pero sabia que debía poner en marcha su instinto de supervivencia por lo que no le quedó más...