Tuvo que leer tres veces la carta para entender cada una de esas palabras y aun así se le hacía difícil. ¿La dejó? No eso no podía ser si los dos se aman. Todo era una confusión y necesitaba poder aclararlo.
—No, no —dijo con la respiración entre cortada—. No, no. Dante qué estás haciendo, no es lo que vos pensas.
Se levantó y entre lagrimas y desesperación se apresuró a llegar a su habitación, tomar su teléfono y marcarle, pero el mismo suena y suena, pero no le atiende.
—¡Dante por favor! — grita abrazando su panza y sentándose pro miedo a desfallecer.
Vuelve a intentar, pero no la...