—Hueles tan rico, que podría sufrir un orgasmo con solo inhalarte —susurra pegado a su oreja mientras termina de amarrar su mano derecha a la cama.
—¿Qué vas a hacerme? —le pregunta ella con la respiración agitada y sin perderse ninguno de sus movimientos.
—Voy a lamerte hasta el recoveco más escondido de tu cuerpo. Voy a tocarte hasta que me sangren las manos. Voy a penetrar cada uno de tus agujeros y aunque me grites basta, no dejare de meterme en tu carne —dice con seguridad y ella siente como cada una de sus palabras tienen impacto placentero en su interior.
—Me gusta cuando me anticipas lo que vas...