Quiere tocarla. Se muere por querer hacerlo, pero no se lo permite.
Menea sus caderas cada vez más rápido y ejerciendo mucha presión.
Lo tiene completamente rendido a sus pies, hace con él lo que se le antoja y verlo desquiciado por poseerla saca su lado más perverso.
—Recuerda, no puedes terminar —le recuerda y él ejerce mucha fuerza de voluntad para no hacerlo, pero con esos movimientos es difícil.
—Dejame metertela, muero por sentir el calor de tu interior, de vaciarme por completo y caiga por tus piernas mis fluidos —suplica y ella se ríe y redobla la apuesta.
—Vamos, un poco más lo alienta y cambia de posición....