Detengo mi paso por completo al ver que al final del pasillo se encuentra una habitación muy iluminada por luz natural ya que las paredes son de vidrio, dejándome ver un enorme gimnasio, me cruzo de brazos y sigo mi camino. Estando más cerca, veo al señor Baker sentado en una máquina, me está dando la espalda y tiene puestos unos audífonos.
Tomo un poco de aire y me acerco a él de forma cautelosa, estando a unos metros de él, extiendo mi mano derecha y toco con suavidad su hombro, me mira de reojo, pero no me dice nada, sospecho que quiere que espere a que termine con sus...