Me calcé las pantuflas, con toda la flojera del mundo.
Mientras me movía de un lado al otro, hasta que finalmente se me fue un poco la flojera. Decidí que era tiempo de levantarme.
Cuando llegue a la cocina: lo hice arrastrando mis pies uno tras otro; hasta que finalmente me encuentro frente a la cafetera. Después de encenderla y de esperar aún dormida, con mi cabello dado vuelta por todos lados: tomé mi teléfono.
Al parecer había recibido una llamada: incluso la había atendido. Ni siquiera me acordaba de eso, siento que tengo la peor memoria del mundo. suspiré, dando un sonoro suspiro, llenando los pulmones de aire.
Yo...