Además, de que aún no me había atrevido a venir en bicicleta, con el miedo tajante de que me la vuelvan a robar.
Julián me la había enviado. Aunque no me había dicho a ninguna palabra.
Me encuentro pateando una piedrita pequeña, se encontraba en el suelo; la cual rebotó una y otra vez hasta perderse en la lejanía de mi vista.
Cruzo calles; semáforos y muchas personas desconocidas; cuando llegué a mi casa: la sensación de vacío en el pecho no se iba.
Puedo escuchar y sentir el golpeteo de mi corazón en contra de mi cuello, una y otra vez. Incluso a veces, más fuerte que otras, ,...