—No en realidad... me siento mucho mejor. Si quieres puedes irte a tu casa —comenté.
Loos ojos del cambiaron, creo que fui muy brusca, al pedirle que se marchara.
—No quise echarte... solamente que si tienes cosas que hacer.
— Entiendo. Yo estoy bien, en realidad no tenía mucho que hacer. Así que no te preocupes.
—Está bien. Aunque gracias. En serio, me voy a levantar y haré una cena para qué puedas irte de tu casa con algo en el estómago —comenté.
—¿Estás segura? ¿no te sientes débil? —comentó algo preocupado al parecer.
Lo noté, porque se acercó a mí enseguida y me tocó la frente.
—Ya luego ves...