Recuperé la compostura y recogí todas las pertenencias de mi hija. Con su urna en brazos, me dispuse a salir.
Iba a llevarla al cementerio para darle un buen entierro.
No esperaba que Macario irrumpiera.
Entró agarrándome la muñeca y gritándome.
"¿Dónde está nuestra hija? Llamé a su profesora y me dijo que no ha ido a la escuela en varios días. ¿Dónde la escondiste?"
Sentí cómo la sangre me subía a la cabeza. "¡Nuestra hija murió trayéndote medicinas! ¡Murió!"
"¡Paf!"
Macario me abofeteó con fuerza. "Mujer malvada, ¿sigues maldiciendo a nuestra hija?"
Paloma, que había entrado detrás de él, también tenía una expresión de desaprobación.
"Señora, todos lo sabemos,...