Macario se acercó a mí y, con una mirada gélida, me dijo:
“Ysabel, parece que te he consentido demasiado. Has perdido la noción de los límites. ¡Pedirle disculpas a Paloma!”
“¡Ni en sueños!”
Miré a Paloma con furia, deseando destrozar a la mujer que había profanado las cenizas de mi hija.
“Ysabel, te estás comportando de manera inaceptable. ¡Dame ese vaso! “ordenó Macario.
Al comprender sus intenciones, sacudí la cabeza con fuerza, pero Macario me sujetó la mandíbula.
“Si te gusta tanto la harina, entonces cómetela “dijo, obligándome a tragar las cenizas de mi hija mezcladas con agua.
Cerré la boca con fuerza, pero Macario estaba decidido a obligarme.
Sentí...