Fui yo quien se equivocó al juzgarlo, no solo arruiné mi vida, sino que también maté a mi hija.
No entiendo cómo llegué a convertirme en lo que soy ahora, ni por qué Macario se ha transformado en alguien irreconocible.
“¡Ah, te has pasado de la raya, te atreviste a golpear al Señor Ojeda!”
Paloma, conmovida, acarició la cara de Macario. Yo no podía soportar ver esa escena tan falsa.
“Ysabel, eres tú la que siempre ha maldecido a nuestra hija desde el principio. Ella estaba perfectamente bien, y fuiste tú quien la corrompió.”
Ahora, no solo te niegas a admitir que la educaste mal, sino que sigues maldiciéndola. Ria...