Macario se quedó atónito, retrocediendo unos pasos con la mano que sostenía el teléfono temblando.
“Jejejejeje...”
Lo miré sonriendo mientras él no podía creer lo que veía, deseando llorar, pero parece que las lágrimas ya se habían agotado.
Dejó el teléfono y me miró con asombro, corrió hacia mí y me abrazó.
“¿Es cierto lo que dices? ¿Ria realmente está muerta?!”
Solo lo miré sonriendo, sin decir una palabra.
De repente, recordó algo y miró las montañas de excremento.
No quedaba rastro de cenizas, todo había sido arrastrado por la lluvia.
Se arrodilló bruscamente en el suelo, mirando las cenizas que ya habían desaparecido, como si hubiera sido golpeado por...