—¿Quieres ir a verte en los espejos rosados? — me preguntó con una sonrisa. Lo miré y sonreí, agradecida por el momento que habíamos compartido.
—Me encantaría.
Caminamos por la playa, con los pies sumergidos en el agua, hablando sobre nuestras vidas y amor. Llegamos a un grupo de espejos rosados que se asomaban sobre las olas, pero la visibilidad era baja por el bajío. Entonces de repente, una orca gigante saltó de la arena, despidiendo espuma a su paso.
Los días se transformaron en experiencias únicas, cada uno nos amábamos como el primer día. Al abrir los ojos, lo primero que veía era a Alexander a mi lado. Nos...