—Hay un niño… que no puede curarse. Tiene.. extraños tumores en su cuerpo –explicó. Nos subimos a un caballo y comenzamos a cabalgar hacia la dirección contraria de su hogar –quizas puedas…
—Oh… sería un honor ayudar a los niños –comenté y el me sonrió.
Al llegar, era cierto. Había construido un pueblo gigantezco. Habían casas, personas comercializando y tierras rodeadas de frutos. Sonreí, era magnifico. Recuerdo haber pasado por aquí y solamente ver un lugar desolado.
—¿Son todos refugiados? –quise saber y el asintió. De pronto, una oleada de niños llevaron frente amis ojos.
—¡Que bonita! –exclamó una pequeña y me reí. Me entregó una flor y salieron a...