Javier me miró con sinceridad.
—Te cuento todo esto no para buscar tu simpatía, sino para decirte que nunca ha habido amor romántico entre Araceli y yo. Quizás, durante su depresión, mi cuidado por ella llevó a cierta confusión en sus emociones, a una mayor dependencia de mí. Pero a partir de ahora, mantendré mi distancia. Juana, ¿puedes perdonarme de nuevo?
Sus ojos brillaban con sinceridad, y sus labios se curvaron con seriedad. De repente, sentí una sensación de alivio.
—Javier, mi decisión de separarme de ti no fue solo por Araceli.
Su mirada se suavizó, sus largas pestañas parpadearon.
—Lo sé. Nunca aprendí a amar a alguien correctamente. Pero,...