Abrí el cajón y encontré algunos de los valiosos regalos que Javier me había hecho. Después de un momento de reflexión, decidí colocarlos en su estantería de libros. Araceli me siguió con vacilación, como si quisiera decir algo pero no supiera cómo.
Pareció sorprendida cuando abrí la estantería.
—No esperaba que guardaras esto—, dijo.
Señaló un frasco de vidrio lleno de coloridas grullas de papel, ordenadas junto a sus trofeos. Levanté el frasco.
—¿Conoces esto?—
Araceli asintió.
—Lo hice para Javier en séptimo grado, como regalo de cumpleaños.—
Cuando me mudé por primera vez, el frasco colorido me había intrigado. Pero Javier había sido frío al respecto, diciendo:
—Es mejor...