No tenía nada que perder, porque la mujer que amaba, por la cual había entregado todo había tomado la decisión de sacarlo de su vida para siempre y él no era nadie para convencerla de lo contrario. Se lo había dejado bien en claro ¿no?
Se fue a un almacén cercano y se compró una cerveza. Él no era de tomar ese tipo de bebidas, de echo estaba acostumbrado a lo caro, pero al no tener dinero para ese tipo de botellas, tomaba esa bebida, después de todo lo que quería era estar ebrio hasta perder la razón porque bien sabía que, de su corazón, por el momento, sería difícil...