Su mirada era fría y su actitud distante le rompía el corazón. No era la primera vez que ella lo hacía y aunque en su momento guardó esperanzas de volver a estar juntos, sabía que nada de lo que hiciera remediaría la traición que debe estar sintiendo en ese preciso momento.
Se sentó en la mesa y se sirvió un vaso de agua. Tenía la garganta seca y pese a beber el líquido, el amargo sabor y esa resequedad no se mejoraba en lo absoluto.
Él desconocía que Catalina había perdido la batalla y por más que su corazón y sus otros órganos sigan en funcionamiento, su cerebro había dicho...