Una vez que Mauro se fue, regresó a la puerta donde para su sorpresa la esperaba Erika.
¿Las sorpresas no irían acabar ese día?
Esta vez no se detuvo, sino que caminó hacia ella y ésta pensando que podría rechazarla o decirle cosas para lastimarla la sorprende con un abrazo.
- Amiga. – susurra ella sorprendida con sus brazos a un lado.
- Abrázame, te necesito. – y entonces la envuelve y lloran una en el hombro del otro.
- Perdóname amiga. Sé que debí contarte en cuanto supe, pero no quería causarte más dolor. – intenta explicarle el motivo de su silencio, pero a ella no le importa.
-...