Ambos se miraban y sonreían sin pensar en lo que él uno le pediría al otro, sin imaginar lo que deberían de hacer y experimentar para darse placer mutuamente.
Cuando él se relajo, ella volvió a inclinarse pero para volver a calentar el ambiente. Se volvió a subir a horcajadas pero para sentarse en su pecho y ordenarle algo que Santino disfrutaba.
- Hunde tu lengua en mí. – le ordena poco antes de tomar sus cabellos con ambas manos y moverse hacia delante hasta lograr que su rostro este pegado a su ente pierna. – Vamos, hazme terminar con tu lengua. – y como lo ordenaba su ama, lo...