Su cuerpo le temblaba, su miembro dolía de lo duro que se le había puesto y ella no dejaba de moverse.
Las uñas de sus manos se clavaban en sus propios pechos y podía apreciar la línea de sangre de aquel rasguño. Le dolía, él sabía que la herida que ella misma estaba causándole a su cuerpo le dolía, pero era tal la excitación que su cuerpo experimentaba y manifestaba que no era capaz de parar.
- Ahhh… ummmm…. – seguía gimiendo mientras el vaivén de sus caderas estaba volviéndolo loco por completo.
- Mmm..mmm – él estaba completamente desquiciado por esa mujer insaciable, por esa diosa del sexo que...