Mahia y Roy estaban en la sala de la casa de la manada discutiendo a viva voz, habían despachado, hace exactamente una semana, a los pocos sirvientes del lugar y solo se habían quedado ellos, Roy continuaba las labores de la manada y buscaban la forma de sopesar la falta de su Alpha.
—¡No puedo tenerlo dormido eternamente! — dijo ya algo desesperada Mahia— él tiene que enfrentar esta situación, si quiere estar dormido yo mismo lo haré, ¡pero no le hemos dado opción! —concluyó la peliblanca
—Lo sé…¡Lo sé! —dijo Roy apretando sus sienes — no es mi intención hacer eso, pero como crees que se hubiera sentido, si...