—¿Quieres desnudarme?— preguntó la morena y fue suficiente señal para que el lobo, quien le rodeó la cintura, la levantara y sentara sobre la barra, ella soltó un jadeo de sorpresa, pero mantenía la sonrisa juguetona en los labios.
—Joder … Muero por desnudarte.— aclaró el hombre ahora entre las piernas de la Donna, su tono era más bajo, más ronco, pero a pesar de la completa desesperación que le consumía por enterrarse entre aquellos muslos perfectos, se sorprendió alegremente el notar a la menor algo más receptiva, como si uno de los escudos que la protegían de cualquier tipo de intimidad, hubiera caído, no estaba seguro… o más bien...